Abel Ibarra
“El adjetivo, cuando no da vida, mata”, decía el poeta Vicente Huidobro. Tal ocurre en el caso de la “guerra sucia”, una contradictio in terminis, un oxímoron, porque nadie puede imaginar ninguna guerra, siempre manchada de sangre y pólvora, como un intercambio de flores inocentes.
El gobierno de Hugo Chávez, afincado en su afición por el terror, lanzó aquella consigna fatídica de “Patria, socialismo o muerte”, y, ahora, aturdido por el vértigo de un régimen que toca a su fin, no tiene más remedio que apelar a su expediente de podredumbre para tratar de enlodar infructuosamente la campaña luminosa que ha puesto a Henrique Capriles Radonski en el camino de la victoria.
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