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martes, 30 de marzo de 2010

Instrucciones para opinar

Instrucciones para opinar
Román José Sandia

E n Cubazuela es peligroso opinar. Usted puede decir lo que piensa, siempre y cuando el régimen no decida castigarlo. De manera que puede hablar, mientras una foca no lo denuncie para hacer funcionar la máquina represiva. Aquí van, entonces, algunos consejos que usted puede seguir si va a dar su opinión en los medios y no quiere ver sus huesos a la sombra en un calabozo.
No hable sobre las actuaciones, frases o maromas de los que dicen gobernar en estos días, a menos que sea para elogiarlos. Para evitar tentaciones, mejor ocúpese de los gobernantes del siglo antepasado o del anterior. En todo caso, si va a decir algo sobre un antiguo ministro asegúrese de que el personaje cayó en desgracia definitivamente. Hay que tener extremo cuidado, puesto que se ha dado el caso de un ex compañero de armas del jefe que se le enfrentó, lo acusó de “gallina” y de asesino para luego ser perdonado y acogido nuevamente en las filas burocráticas.

continua:
http://www.analitica.com

jueves, 4 de febrero de 2010

CAMARADA...

CAMARADA...


-Camarada, si tuviera dos casas, ¿donaría una a la Revolución?
- ¡Claro, mi comandante!
- Si tuviera dos vehículos, ¿donaría uno a la Revolución?
- ¡Por supuesto, mi comandante!
- ¿Le regalaría medio millón a la Revolución, si tuviera un millón en la cuenta bancaria?
- ¡Delo por hecho, mi comandante!
- Y si tuviera dos gallinas, ¿daría una a la Revolución?
- ¡No, mi comandante; una gallina no!
- No entiendo, camarada. Si está dispuesto a donar una casa, un vehículo y medio millón a la Revolución, ¿por qué no le daría una gallina, si tuviera dos?
- ¡Porque las gallinas Si las tengo, mi comandante!

Moraleja: ¡Qué fácil es ser socialista con lo ajeno!

sábado, 23 de febrero de 2008

"Hay Betancourt para rato"


Hay Betancourt para rato A los cien años Betancourt
Román José SANDIA

Se encuentra muy bien. Continúa viviendo en su casa “Pacairigua” de Altamira. A las faldas del Ávila puede ver la Caracas que el ayudó a construir y vio crecer desde aquella misérrima villa a la que llegó a estudiar en el liceo Caracas en 1919. Hasta la ciudad extendida, moderna y sucia de hoy. Todos los días se da un baño en la pequeña piscina que mandara a hacer para diversión de sus nietos y para ejercitarse diariamente. La casa fue donada por el pueblo, mediante una colecta, y entregada al líder adeco una vez que finalizó su segunda presidencia. Hay quienes criticaron el regalo de la casa. El maestro Prieto dijo que Rómulo había rechazado otra vivienda porque era más pequeña. Pero quien ha recorrido sus salones, sabe que Pacairigua es una casa modesta y hasta incómoda en sus habitaciones. De todas maneras, lo importante es el gesto: el pueblo obsequió una casa a su conductor, carente de bienes de fortuna por haber dedicado toda su vida a la política, exigente oficio que ejercido con honradez no deja beneficios materiales. Betancourt se mantiene lúcido. Ha seguido escribiendo libros, en los cuales la política sigue estando presente, pero ahora ha abierto su mente a otros caminos intelectuales. La ecología y el futuro del planeta que habitamos están entre sus actuales inquietudes. Por ello ha escrito dos volúmenes sobre este tema. Betancourt no descansa su mente. .
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