Hugo Chávez, el funesto presidente de Venezuela, ha llegado a su ocaso. En las elecciones de octubre perderá irremisiblemente y no quedan para él otros caminos que un fraude vergonzoso o el eclipse definitivo de su dolorosa fortuna.Chávez no llegó al poder porque fuera el mejor, ni el mejor pensador, ni el mejor político, ni el mejor guerrero. Las circunstancias más fortuitas permitieron el ascenso de su estrella. Los demás perdieron, porque Chávez nunca le ganó a nadie. Pero esa también es una forma de ganar y lo que ahora cumple, con el fin de su aventura, es juzgarla. Arrinconado por su ineptitud de gobernante, empujado hacia adelante por sus infantiles ambiciones, guiado por la ausencia total de escrúpulos en su conducta,
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