La mayor de las incertidumbres que vivimos en el vértigo cotidiano es que el mundo está cambiando y no nos damos cuenta. O, nos hacemos los desentendidos acerca del fenómeno para mantener una endeble paz mental, aferrándonos a convicciones que van teniendo su fecha de vencimiento de manera cada vez más acelerada. Los acontecimientos de ropaje novedoso ocurren con velocidad de respiración y el pasado nos persigue sin misericordia, amenazándonos con hacernos envejecer con las mismas arrugas mentales que nos ponen años en el rostro. Cambiamos con el mundo o quedaremos anclados en nuestras cavernas mentales, mudos de asombro y aferrados como náufragos a las tablas de lo que ya ocurrió.
continua
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