Nadie engaña al mundo
OSWALDO ALVAREZ PAZ
OSWALDO ALVAREZ PAZ
Caracas -- Hugo Chávez está más que descubierto ante el mundo. No es un demócrata. Tampoco es un estadista digno de respeto. Ha sido un pésimo presidente, incapaz de resolver ninguno de los problemas heredados de los gobiernos anteriores que, especulándolos al máximo, le facilitaron la llegada al poder en medio de grandes expectativas. El no fue causa originaria de ellos, sino una consecuencia. Pero esa consecuencia se convirtió en la causa real del agravamiento de todos y de la aparición de otros problemas nuevos, tan graves o mucho peores que los encontrados.
Bastaría con mencionar sus reconocidas vinculaciones con las estructuras del crimen organizado, instrumento operativo de muchos movimientos subversivos y terroristas en el continente y el mundo, el narcotráfico en todas las instancias del proceso, el lavado de dinero negro o, simplemente y a la vista de todos, la politización del hampa con patente oficialista como garantía de la más perversa impunidad. Usar los recursos del petróleo como instrumento de política para el chantaje, la violencia institucional dentro y fuera del país y el dinero que en cantidades industriales le ha ingresado al país, para comprar gobernantes extranjeros, respaldar causas rechazadas en el mundo entero y corromper a buena parte del país, serían razones más que suficientes para ponerle punto final a su mandato y destituirlo sin trámites, dejándolo en manos de la justicia penal nacional e internacional. Esto sucederá más temprano que tarde.
continua
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