
ANTONIO LEDEZMA PARA SEGUIR EL EJEMPLO QUE CARACAS DIO
Por Alexis Ortiz.
El himno nacional de Venezuela convoca a seguir el ejemplo que Caracas dio. En verdad la ciudad capital, muchas veces denostada por los agobiados por el centralismo, ha sido escenario de la mayoría de los momentos más estelares del discurrir nacional.
Una vez más, como el 19 de abril de 1810 y el 23 de enero de 1958, y por lo menos una docena de otras fechas resaltantes, el porvenir del país se juega en esa urbe caótica pero amable, apretada entre montañas que una vez fascinaron al Barón de Humboldt.
Ahora se trata de que los caraqueños tienen que dar el ejemplo de propinar una derrota inolvidable a Chávez y su espantapájaros Isturiz, para que el resto de los venezolanos sigamos una vez más el ejemplo de nuestra querida ciudad capital y guía.
El instrumento del pueblo libre para salvar a Caracas y a toda la Democracia nacional (y en cierto sentido latinoamericana), es un político experimentado y bregador, que combina sabiamente coraje, paciencia y espíritu de diálogo, y que no se hace el sordomudo cuando se presenta el hecho, Antonio Ledezma.
Antonio, de profesión abogado, ya fue gobernador y alcalde de Caracas, diputado y senador al Congreso (cuando este no era el corral de entreguistas en que Chávez lo convirtió), líder de la juventud social demócrata y, algo muy importante, es un ciudadano decente y buen padre de familia.
Caracas en manos de los alcaldes amamantados por Hugo Chávez, se volvió tierra de dominio de los delicuentes y el crimen, donde la gente de trabajo tiene que vivir encerrada en sus casas, mientras que los malandros, muchos de ellos financiados por el gobierno neocomunista, son los dueños de la calle y perpetran impunemente sus fechorías.
Los alcaldes que Chávez le ha impuesto a Caracas se han dedicado a los negocios y la prevaricación, a perseguir a los opositores y adular al amo del palacio presidencial, mientras que las calles y recodos de la ciudad se llenan de basuras, escombros y cuanto esperpento puede desfigurar a una localidad que, con orgullo, en el pasado sus habitantes llamaban la sucursal del cielo.
Antonio Ledezma ya en otras elecciones derrotó al actual candidato del gobierno, Aristóbulo Isturiz. Desde la Alcaldía de Caracas trabajó con tesón y sobretodo, sin sectarismos ni exclusiones, para resolver las calamidades de una ciudad de crecimiento desmesurado. Su gestión la recordamos por que Antonio fue un alcalde laborioso, cercano a la gente y con una nunca desmentida voluntad de diálogo.
Hoy los caraqueños tienen que escoger entre votar por un candidato de voluntad abolida por la adulación al jefe, que antes fue un dirigente popular pero que la incondicionalidad a Chávez lo ha convertido en opulento propietario de yates, o votar por un líder sobrio y serio, dueño de si mismo, sin amo, con demostrada vocación de servidor público. O es Isturiz para incrementar el desorden, el desabastecimiento, la represión y la falta de respeto al pueblo, o es Ledezma para que las cosas cambien a favor de los de abajo, de los pobres y clase media que quieren tener trabajo, y vivir de su trabajo, para no tener que ser limosneros de Chávez y su modelo cubano.
El desafío de los caraqueños es salir a votar. Rescatar su ciudad de quienes la han humillado. Antonio Ledezma es la opción de todos los que amamos a Caracas.
Por Alexis Ortiz.
El himno nacional de Venezuela convoca a seguir el ejemplo que Caracas dio. En verdad la ciudad capital, muchas veces denostada por los agobiados por el centralismo, ha sido escenario de la mayoría de los momentos más estelares del discurrir nacional.
Una vez más, como el 19 de abril de 1810 y el 23 de enero de 1958, y por lo menos una docena de otras fechas resaltantes, el porvenir del país se juega en esa urbe caótica pero amable, apretada entre montañas que una vez fascinaron al Barón de Humboldt.
Ahora se trata de que los caraqueños tienen que dar el ejemplo de propinar una derrota inolvidable a Chávez y su espantapájaros Isturiz, para que el resto de los venezolanos sigamos una vez más el ejemplo de nuestra querida ciudad capital y guía.
El instrumento del pueblo libre para salvar a Caracas y a toda la Democracia nacional (y en cierto sentido latinoamericana), es un político experimentado y bregador, que combina sabiamente coraje, paciencia y espíritu de diálogo, y que no se hace el sordomudo cuando se presenta el hecho, Antonio Ledezma.
Antonio, de profesión abogado, ya fue gobernador y alcalde de Caracas, diputado y senador al Congreso (cuando este no era el corral de entreguistas en que Chávez lo convirtió), líder de la juventud social demócrata y, algo muy importante, es un ciudadano decente y buen padre de familia.
Caracas en manos de los alcaldes amamantados por Hugo Chávez, se volvió tierra de dominio de los delicuentes y el crimen, donde la gente de trabajo tiene que vivir encerrada en sus casas, mientras que los malandros, muchos de ellos financiados por el gobierno neocomunista, son los dueños de la calle y perpetran impunemente sus fechorías.
Los alcaldes que Chávez le ha impuesto a Caracas se han dedicado a los negocios y la prevaricación, a perseguir a los opositores y adular al amo del palacio presidencial, mientras que las calles y recodos de la ciudad se llenan de basuras, escombros y cuanto esperpento puede desfigurar a una localidad que, con orgullo, en el pasado sus habitantes llamaban la sucursal del cielo.
Antonio Ledezma ya en otras elecciones derrotó al actual candidato del gobierno, Aristóbulo Isturiz. Desde la Alcaldía de Caracas trabajó con tesón y sobretodo, sin sectarismos ni exclusiones, para resolver las calamidades de una ciudad de crecimiento desmesurado. Su gestión la recordamos por que Antonio fue un alcalde laborioso, cercano a la gente y con una nunca desmentida voluntad de diálogo.
Hoy los caraqueños tienen que escoger entre votar por un candidato de voluntad abolida por la adulación al jefe, que antes fue un dirigente popular pero que la incondicionalidad a Chávez lo ha convertido en opulento propietario de yates, o votar por un líder sobrio y serio, dueño de si mismo, sin amo, con demostrada vocación de servidor público. O es Isturiz para incrementar el desorden, el desabastecimiento, la represión y la falta de respeto al pueblo, o es Ledezma para que las cosas cambien a favor de los de abajo, de los pobres y clase media que quieren tener trabajo, y vivir de su trabajo, para no tener que ser limosneros de Chávez y su modelo cubano.
El desafío de los caraqueños es salir a votar. Rescatar su ciudad de quienes la han humillado. Antonio Ledezma es la opción de todos los que amamos a Caracas.