Miles de corredores se suman a las víctimas indirectas del huracán Sandy tras la primera cancelación en la historia del Maratón de Nueva York, el más famoso del mundo.
Unos 30 mil corredores del maratón viven fuera de Nueva York (Andrés Correa Guatarasma)
ANDRÉS CORREA GUATARASMA| EL UNIVERSAL
viernes 2 de noviembre de 2012 11:35 PM
Nueva York.- "Nos dicen que pensemos en los corredores, en todos los meses que llevan entrenándose. ¿Pero y las víctimas del huracán que perdieron todo? ¿Su dolor no es mayor que cualquier decepción?", comentaba la tarde del viernes, vía anónima, un empleado de los organizadores del maratón de Nueva York, mientras crecían las peticiones de ciudadanos y políticos para que la carrera convocada para este domingo fuese cancelada.
Cuando el miércoles se supo que por primera vez en sus 39 años de historia el desfile de Halloween que se celebra en El Village cada 31 de octubre un Carnaval de otoño, en realidad- no se realizaría, las miradas enseguida se tornaron hacia la suerte que correrían el maratón de Nueva York y las elecciones presidenciales del 6 de noviembre.
Se habló de cambiar la ruta, acortarla o limitar el número de participantes a "corredores élite". Hasta que la carrera fue suspendida a última hora el viernes, por primera vez desde su creación en 1970, "para evitar controversias y divisiones", según declaró Mary Wittenberg, presidente del comité organizador. Ello pese a la oposición rotunda del testarudo alcalde Michael Bloomberg, arrinconado ante las críticas que lo acusaban de insensible y falto de sentido común cuando la Alcaldía y la policía debían concentrar sus esfuerzos en otras prioridades tras el huracán. Incluso varios voluntarios se quejaron de que se habían ofrecido para trabajar ayudando a las víctimas, y en cambio les asignaron labores de la cita deportiva.
El caos, las opiniones y los rumores crecían. Scott Stringer, presidente del condado de Manhattan, había solicitado que el maratón fuese pospuesto. La mayoría (30 mil de los 47 mil) corredores no vive en NYC, gran parte de ellos ni siquiera en Estados Unidos. Muchos no habían podido llegar a tiempo para retirar sus credenciales el viernes por el caos en aeropuertos y trenes, y los que sí habían arribado no estaban precisamente en las mejores condiciones anímicas ni físicas. Incluso algunos damnificados fueron expulsados de hoteles para poder alojar a maratonistas que habían pagado su estadía con anticipación.
En ese vaivén, el dinero que envuelve esta carrera (cuesta unos $30 millones, pero la inversión publicitaria es mucho mayor) intentó privar sobre cualquier lógica, y el multimillonario Bloomberg había dicho en la víspera que bajo ninguna circunstancia el famoso evento deportivo sería cancelado y ni tan siquiera postergado, a pesar de que obviamente la ciudad no estaba para esos trotes, con 39 muertos y tanta gente necesitando techo, gasolina, comida, agua y electricidad.
El maratón debía partir de Staten Island, una de las zonas más afectadas por el huracán, y concluir en Central Park, que hasta el viernes seguía cerrado al público en medio de tantos árboles caídos. Además, cerca de la meta hay una grúa colgando de un rascacielos, amenazando con desprenderse luego de ser descuadrada por los fuertes vientos del lunes 29. Por ello dos cuadras permanecen cerradas al tráfico en la céntrica calle 57 de Manhattan. A eso había que sumarle las vías que se bloquean para resguardar a los corredores y al millón de personas que se alinea a lo largo de la ruta de 42 kilómetros.
Para paliar las críticas, los organizadores habían anunciado una donación de $ 2 millones a la ciudad para ayudar en los esfuerzos de recuperación tras el huracán Sandy. Luego de la cancelación no se ha hablado del dinero ofrecido, pero
Cuando el miércoles se supo que por primera vez en sus 39 años de historia el desfile de Halloween que se celebra en El Village cada 31 de octubre un Carnaval de otoño, en realidad- no se realizaría, las miradas enseguida se tornaron hacia la suerte que correrían el maratón de Nueva York y las elecciones presidenciales del 6 de noviembre.
Se habló de cambiar la ruta, acortarla o limitar el número de participantes a "corredores élite". Hasta que la carrera fue suspendida a última hora el viernes, por primera vez desde su creación en 1970, "para evitar controversias y divisiones", según declaró Mary Wittenberg, presidente del comité organizador. Ello pese a la oposición rotunda del testarudo alcalde Michael Bloomberg, arrinconado ante las críticas que lo acusaban de insensible y falto de sentido común cuando la Alcaldía y la policía debían concentrar sus esfuerzos en otras prioridades tras el huracán. Incluso varios voluntarios se quejaron de que se habían ofrecido para trabajar ayudando a las víctimas, y en cambio les asignaron labores de la cita deportiva.
El caos, las opiniones y los rumores crecían. Scott Stringer, presidente del condado de Manhattan, había solicitado que el maratón fuese pospuesto. La mayoría (30 mil de los 47 mil) corredores no vive en NYC, gran parte de ellos ni siquiera en Estados Unidos. Muchos no habían podido llegar a tiempo para retirar sus credenciales el viernes por el caos en aeropuertos y trenes, y los que sí habían arribado no estaban precisamente en las mejores condiciones anímicas ni físicas. Incluso algunos damnificados fueron expulsados de hoteles para poder alojar a maratonistas que habían pagado su estadía con anticipación.
En ese vaivén, el dinero que envuelve esta carrera (cuesta unos $30 millones, pero la inversión publicitaria es mucho mayor) intentó privar sobre cualquier lógica, y el multimillonario Bloomberg había dicho en la víspera que bajo ninguna circunstancia el famoso evento deportivo sería cancelado y ni tan siquiera postergado, a pesar de que obviamente la ciudad no estaba para esos trotes, con 39 muertos y tanta gente necesitando techo, gasolina, comida, agua y electricidad.
El maratón debía partir de Staten Island, una de las zonas más afectadas por el huracán, y concluir en Central Park, que hasta el viernes seguía cerrado al público en medio de tantos árboles caídos. Además, cerca de la meta hay una grúa colgando de un rascacielos, amenazando con desprenderse luego de ser descuadrada por los fuertes vientos del lunes 29. Por ello dos cuadras permanecen cerradas al tráfico en la céntrica calle 57 de Manhattan. A eso había que sumarle las vías que se bloquean para resguardar a los corredores y al millón de personas que se alinea a lo largo de la ruta de 42 kilómetros.
Para paliar las críticas, los organizadores habían anunciado una donación de $ 2 millones a la ciudad para ayudar en los esfuerzos de recuperación tras el huracán Sandy. Luego de la cancelación no se ha hablado del dinero ofrecido, pero
http://www.eluniversal.com/deportes/121102/nueva-york-no-esta-para-esos-trotes