jueves, 1 de noviembre de 2012

Enrique Hidalgo entre canciones y libros

                                             
Abel Ibarra

 Enrique Hidalgo es más que Enrique Hidalgo. A fuerza de meterse dentro de sí mismo ha logrado entrar en el corazón de todos y sus canciones pueblan nuestra memoria como un conjuro que se entona para procurar el amor. ¡Qué cosa!, el amor, ese estremecimiento que mueve los músculos del alma como si estuviéramos a punto de nacer otra vez. Que inventa el movimiento y le enciende el motor de la vida a todo. ¡Hágase el amor!, dijo el eterno, y el amor se hizo para que andemos sobre la tierra celebrando el prodigio de la Creación.
 
Nacimos como peces con vocación de infinito. Nos aprendimos de memoria los secretos del mar y salimos a reptar por el mundo sorteando los laberintos del futuro, a veces pródigo, a veces mezquino, hasta convertirnos en primates sentimentales, demasiado humanos, porque supimos lo que es volverse uno en el otro. “Uno in due, due in uno”, dijo un poeta italiano para explicar lo mismo. Después nos bebimos la atmósfera vueltos pájaros por la misma sed. Tanto, que, hasta las piedras aprendieron a temblar, cuando nos vieron volando por el mundo que dejamos al convertirnos en habitantes del cielo.

continua

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