MOISES NAIM
Un artículo del ‘The New York Times’ sobre China revela que la impunidad no está ya garantizada
David Barboza dirige la oficina del The New York Times en Shanghai. Acaba de publicar un artículo de enorme importancia; de hecho hasta podría llegar a tener consecuencias directas para usted. Barboza escribe sobre la corrupción de los familiares de Wen Jiabao, el primer ministro chino. En principio, en esto no hay nada de nuevo. No pasa un día sin que en alguna parte del mundo estalle un escándalo de corrupción que involucre a políticos, gobernantes y sus cómplices en el sector privado. Y decir que en China hay corrupción es revelar lo obvio. Pero este artículo, y este escándalo, son distintos.
¿Cómo hablar de corrupción? Los reportajes sobre este tipo de escándalos suelen hacer mucho ruido, pero a menudo no están bien documentados y no llegan a nada. Las denuncias sin consecuencias crean gran frustración en el público y corrompen la lucha contra la corrupción. No es el caso del artículo de Barboza, quien ha realizado uno de los trabajos periodísticos mejor documentados y más rigurosos que he leído sobre el tema de la corrupción en las altas esferas. Se basa en datos confirmados por múltiples fuentes, evidencias imposibles de refutar, complejos análisis financieros auditados por contadores independientes contratados para garantizar la precisión del artículo, y un largo, arduo y evidentemente costoso trabajo de investigación periodística.
¿Cómo hablar de corrupción? Los reportajes sobre este tipo de escándalos suelen hacer mucho ruido, pero a menudo no están bien documentados y no llegan a nada. Las denuncias sin consecuencias crean gran frustración en el público y corrompen la lucha contra la corrupción. No es el caso del artículo de Barboza, quien ha realizado uno de los trabajos periodísticos mejor documentados y más rigurosos que he leído sobre el tema de la corrupción en las altas esferas. Se basa en datos confirmados por múltiples fuentes, evidencias imposibles de refutar, complejos análisis financieros auditados por contadores independientes contratados para garantizar la precisión del artículo, y un largo, arduo y evidentemente costoso trabajo de investigación periodística.
continua
http://internacional.elpais.com/internacional/2012/10/27/actualidad/1351366928_954897.html