jueves, 21 de junio de 2012

A Julián Asange se le derramó el whisky


                                                    Abel Ibarra


 Nadie está exento de hacer el ridículo, lo malo es cometerlo en público y convertirlo en show periodístico de larga duración. Eso, ni más ni menos, es lo que ha hecho Julián Asange al pedir asilo en la Embajada del Ecuador en Londres, luego de haberse convertido en héroe de la prensa cortesana del escándalo cuando comenzó a filtrar chismes electrónicos a través de WikiLeaks. Como suele suceder en estos casos de comadreo virtual, la comidilla de la aldea global se centró en la política exterior de Estados Unidos, tema que suele ser el preferido de todo el que busque fácil nombradía metiéndole el dedo en el ojo a los funcionarios del Departamento de Estado, al culparlos de todos los males del planeta. 

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