Sorprendentemente, se plantea como un menú en el cual los países tienen la libertad de escoger el plato que más se les antoja. ¿A quién le apetece la austeridad? ¿Pagar más impuestos, tener menos y peores servicios públicos, perder subsidios y reducir la protección social? A los alemanes. Pero siempre y cuando se les sirva a sus vecinos europeos. Y a la banca internacional, que quiere que esos fondos se canalicen al pago de lo que los gobiernos le deben. Por otro lado: levanten la mano quienes prefieran el crecimiento, más empleos, más ingresos y más prosperidad para todos. Así es: todos a favor del crecimiento; nadie opta por la austeridad si la puede evitar. El problema está en que lo que es inevitable no es opcional. Y si no hay opción no hay debate. Pero resulta que no solo lo hay sino que, además, se ha convertido en el debate definitorio de estos tiempos. El hecho de que algunas políticas de austeridad no producirán la estabilización económica que prometen, o que las políticas de crecimiento no necesariamente generarán más empleos, son posibilidades enterradas bajo los eslóganes y la demagogia. ¡Viva el crecimiento! ¡Muera la austeridad!
http://internacional.elpais.com/internacional/2012/05/12/actualidad/1336858292_376574.htm
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