
En innumerables ocasiones nos hemos referido a la situación de crisis y caos en que se encuentra sumergida la estatal PDVSA, empresa que pertenece, nominalmente, a todos los venezolanos. También en un incontable número de oportunidades, nos hemos referido a las declaraciones que han hecho, tanto Hugo Chávez como Rafael Ramírez, con relación a los planes de PDVSA y las extraordinarias oportunidades de desarrollo que presenta, eso sí siempre a tiempo futuro. Hemos analizado, desde muy diversos puntos de vista, la posición de minusvalía operacional, técnica, comercial, financiera e institucional que hoy presenta la empresa, luego de un largo proceso de destrucción que se aproxima ya, a los catorce años.
Sin embargo, superando todas las expectativas de insensatez y todas las barreras del cinismo, cada dos o tres semanas aparecen en escena el uno u el otro, o ambos, haciendo nuevas y cada vez más temerarias declaraciones de crecimiento, solidez y oportunidades de negocios para la estatal PDVSA, sin que nadie lo pueda cuestionar. La información ocupa titulares de página entera, grandes despliegues periodísticos que rebotan en las cadenas y agencias noticiosas del mundo.
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