MARÍA EUGENIA GASCUE SCHWARTS
EL UNIVERSAL
Cuando era pequeña recuerdo que mi papá insistía una y otra vez con mis hermanos y conmigo, para que usáramos las palabras que llamo mágicas, agradezco hoy su constancia y ejemplo. Ellas son: por favor, gracias, buenos días, buenas tardes y buenas noches. Cuando mi hijo era pequeño le decía que aprender y hacernos el hábito de utilizarlas nos abre puertas, esto mismo he hecho y hago con mis alumnos todavía.
Les comentaba que es para mí muy desagradable entrar en la mañana en un ascensor, decir buenos días y que nadie conteste. Si estoy en algún lugar y alguien entra saludando, siento que la energía cambia, se hace más liviana.
continua
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