Los europeos, privilegiados donde los haya en el orden mundial, pueden tener la sensación de que el mundo desarrollado consume, destruye y derrocha sin tasa. Ahora podrán poner alguna cifra a esa impresión: cada habitante de la Unión Europea arroja anualmente a la basura 179 kilos de productos alimenticios en perfecto estado de consumo, según un estudio de la Comisión. Visto de otro modo, casi el 50% de productos sanos y comestibles se pierden en las distintas fases del proceso que lleva desde la producción a la mesa (y cubo de la basura) del consumidor. El Parlamento Europeo discutió ayer sobre el fenómeno y sugirió diversas medidas para combatir el desperdicio, entre ellas que las etiquetas tengan una doble fecha: la del límite de venta y la del límite de consumo del producto en cuestión.
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http://sociedad.elpais.com/sociedad/2012/01/20/actualidad/1327060025_225479.html