Residentes de Atlanta rezan durante una peregrinación el pasado Viernes Santo, en defensa de los inmigrantes y contra una polémica ley de inmigración aprobada en el estado de Georgia. David Goldman / AP
Thomas G. Wenski
El actual debate sobre inmigración de la legislatura de la Florida amenaza la estabilidad económica de la Florida. Las medidas punitivas dirigidas contra los trabajadores indocumentados crearán una atmósfera de miedo para ellos y sus familias. Al mismo tiempo, estas mismas medidas punitivas alienarán a los residentes legales y a los turistas extranjeros que, debido a su “perfil” étnico, pudieran ser confundidos con inmigrantes indocumentados. Aunque la Iglesia no aboga a favor de la inmigración indocumentada, la Iglesia reconoce la dignidad humana del “extranjero entre nosotros”, el cual, independientemente de su status legal, sigue siendo objeto de derechos, que no le son conferidos por el estado, sino que, de hecho, le son dados por Dios. No podemos olvidar la condición humana básica del inmigrante, cualquiera que sea su status.
La Iglesia Católica ha servido durante largo tiempo a los inmigrantes y a los refugiados en Estados Unidos, incluyendo a quienes carecen de un status inmigratorio permanente. Estos inmigrantes, lejos de ser una amenaza para nuestra nación, están tratando de satisfacer las necesidades básicas de sus familias mediante el trabajo, a veces desempeñando empleos que los propios estadounidenses evitan.
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