jueves, 5 de agosto de 2010

Podridos

Por Rodolfo Dasilva

Un mosquero envuelve a nuestro país. Por donde se pase la vista, se ve una mosquera rondando a las “obras” del gobierno. Aunque los rojillos han hecho de todo para espantarlas o para que no las veamos, las moscas siguen allí. La razón es muy sencilla, este gobierno está podrido.

Los intentos de enfrentamiento con algún enemigo fabricado, están podridos. El experimento de hacernos creer que estábamos a punto de ser invadidos por Colombia, quedó podrido. Así como también quedó la pelea con la iglesia y sus representantes. La insistencia de restarle simpatías a la Polar y a Globovisión, así como al sector privado, también les dejó un mosquero en los militantes rojillos.

La respuesta a la necesaria “batalla” contra la inseguridad, la inflación, el desempleo y el hambre, sigue siendo podrida. Todas ellas siguen avanzando a verdaderos pasos de vencedores. La inseguridad se ha expandido a todos los niveles y a todo el territorio nacional, los atracos, los secuestros y los asesinatos, están a la orden del día. La inflación venezolana se ha convertido en la más alta del mundo, ¿qué tal? El desempleo, producto de las políticas económicas y el insensato ataque a las inversiones privadas, se manifiesta con la caída del consumo y el incremento permanente del buhonerismo. En cuanto al hambre, las estadísticas nos dicen que ha aumentado la desnutrición en el país, manifestándose esto en el brote de enfermedades que se consideraban erradicadas.

Todos los organismos públicos que encontró este gobierno funcionando bien, los ha destrozado. A PDVSA, una empresa del primer mundo, la tiene endeudada y al borde de la quiebra. Las empresas de Guayana, ya no tiene la incertidumbre de quebrar, ya están en ruinas. El BCV, un ejemplo de manejo monetario, lo convirtió en la caja chica del gobierno. El Metro de Caracas, un orgullo de los venezolanos, ahora es la propia vergüenza y ejemplo de ineficacia. El mosquero sobre estos organismos… son de las verdes.

Pero la tapa del frasco, por supuesto que son los contenedores con comida podrida. Con estos el mosquero amenaza otras latitudes. Aquí hay de todo. Un nivel de corrupción inimaginable. La inescrupulosidad descarada de comprar comida vencida “por un puñado de dólares”, sin importar las consecuencias. El cinismo presidencial y sus adulantes de tratar de minimizar la importancia de asunto. La entrega de nuestra “soberanía alimentaria” a una cubana que no sabe absolutamente nada de distribución de alimentos, y menos de los perecederos.

Este último elemento ha desatado un frenesí por ocultarlo. El teniente coronel quiere hasta una guerra, ha destapado el eterno magnicidio, pero nada, el mosquero sigue dando vuelta. Y lo peor, le está llegando la competencia de los zamuros.///