Es clave aclarar que el pueblo de Cuba, unos y otros, enemigos y aparentes enemigos, ha sido víctima del sistema castro-comunista para beneficio exclusivo de una jerarquía ladrona y criminal que convierte la Isla en finca privada, invierte en propiedades lejanas y esconde miles de millones de dólares en bancos y otros destinos extranjeros.
Muchos que ayer ensalzaban y cantaban loas a bienes por llegar, ya desvanecidos esos espejismos, lloran desencanto o protestan o procuran escapar.
Para escapar de ese “mar de felicidad’ que babosamente pintara otro déspota delirante, millares de cubanos se dieron al mar y frecuentemente naufragaron en olas trágicas. Al Corredor de la Muerte de la Florida se suman otros puertos, otros rumbos, otras tumbas.
Recuérdese el fusilamiento instantáneo de Lorenzo Enrique Copello, Bárbaro Leodán Sevilla y Jorge Luis Martínez, tres muchachos negros que intentaron huir y el asesinato de otros tres jóvenes negros de quienes se dijo casi burlonamente que al descubrirse la fuga se suicidaron con un mismo revólver y un niño resultó herido.