Todo le va mal. La reforma sanitaria, que fue una de las principales promesas de Obama, fracasó. Nadie la quiere. La economía también va mal. Salvó a los ricachones de Wall Street de la bancarrota mientras dejaba que los pobres perdiesen sus viviendas, creando así una fuente de feroz resentimiento entre sus propios partidarios. El desempleo sigue alto y el déficit público, la deuda exterior y la dependencia financiera de China se ciernen como graves amenazas. Esto impone limitaciones al presupuesto del Pentágono y, por lo tanto, a la hegemonía militar del país. La brecha entre republicanos y demócratas se profundiza cada vez más, lo que dificulta construir las coaliciones políticas necesarias para aprobar leyes indispensables.