BY AMERICO MARTIN
No duró mucho el efecto apaciguador de la declaración conjunta de los presidentes de Venezuela y España, después de la tormenta desatada por el auto del magistrado de la Audiencia Nacional, Eloy Velasco. Haciendo de tripas corazón, Zapatero y Moratinos se las ingeniaron para crear un universo político dentro del cual valieran los más intragables acuerdos pragmáticos, sin perjuicio de que al final sean los tribunales los encargados de declarar la verdad. Pero no contaban con los disparates del presidente de Venezuela y su sudoroso canciller. Incapaz de aceptar la independencia del Poder Judicial, que en Venezuela no existe, Maduro se lanzó al ataque, pica en mano, contra la justicia española.
La Audiencia Nacional de ese país se ha hecho célebre por su idoneidad jurídica, la templanza de sus jueces y su interpretación progresiva de los derechos humanos. Con la actuación de un colega de Velasco, Baltazar Garzón, se estableció la línea de perseguir el terrorismo en cualquier parte de nuestro atormentado universo. Garzón dictó auto de detención contra Pinochet y nadie pretendió que estaba violando el principio de no intervención. Se explica entonces por qué Velasco ha disparado los fantasmas que no dejan dormir a Chávez. El temor a una sentencia similar, como remate del proceso abierto por la Audiencia, es lo que ha llevado a Maduro, un pintoresco personaje para quien el lenguaje del derecho es tan oscuro como la lengua de los etruscos, a descalificar al magistrado en forma tan chocarrera que terminó creándole problemas a su jefe. Zapatero, desbordado por la insolencia, tuvo que rechazar los infundios, en tanto que el Consejo del Poder Judicial se compactó en respaldo del escarnecido juez.
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http://www.elnuevoherald.com/2010/03/13/674333/americo-martin-numeros-que-cantan.html