Latinoamérica hoy sufre una ola delictiva derivada de una marginalidad sin rumbo que se transforma en sicarios de a diez dólares.
Pero esa tragedia tiende a opacar otro problema quizás peor: El ancestral azote de fuerzas armadas que desde la Independencia y en diversos países, se agavillan cual montoneras para insultar, abusar, atropellar, y depredar a sus paisanos en nombre de sucesivos caudillos
Una clásica experiencia fue con el sargento cubano Fulgencio Batista – salido de marginada condición social campesina y en fisonomía casi idéntico a ciertos zambos venezolanos –que en 1933 encabezó un motín de suboficiales que masacraron a los oficiales de carrera rendidos luego del cerco que les tendieron en el Hotel Nacional de La Habana.
También lo puedes ver en mis blogs:
http://aherreravaillant.blogsdevenezuela.com/
http://aherreravaillant.blog.com/3042767/