Por: Ricardo Tribín Acosta
Resulta con frecuencia más fácil, ante una nueva vivencia o un proyecto que tenemos la oportunidad de emprender, el descartarlo por toda clase de excusas que nos metemos en la cabeza precisamente para no hacerlo. El miedo, temor, ansiedad, pánico, o como quiera llamarse, se apoderan de nosotros y nos dejan como paralizados.
Ante esto es importante no apresurarnos en decir de una que si, o que no a la opción que tenemos en perspectiva, sin antes madurar o consultar con la almohada la propuesta, previo un análisis con papel y lápiz, producto de la investigación que al respecto hagamos, y la cual debe ser asumida con total responsabilidad y no a las carreras, como si fuera un pequeño pincelazo de la mente. A este miedo hay que vencerlo con un gran antídoto y ello consiste en descartar todo aquello que no nos sirva, como los hábitos equivocados, falsas creencias, y consejos mal dados, y como consecuencia ponerle acción a nuestras vidas realizando planes de inmediato, corto y mediano plazo, los cuales solo se ejecutarán, no dejándolos en la cabeza, sino con un decidido programa de acción, el cual podremos cumplir en lo mejor de nuestras posibilidades, y el cual requerirá de un esfuerzo de nuestra parte.
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