lunes, 24 de noviembre de 2008

Chávez y el monstruo de Loch Ness



Chávez y el monstruo de Loch Ness
Abel Ibarra

En estos días me telefoneó mi amigo Ronald García para decirme que “lo que pasa en Venezuela es que los de la oposición son todos unos bates quebrados, fíjate que en Chacao ni siquiera han podido presentar un candidato unitario”.
Ronald es de esos pesimistas candorosos que en vez de ver la botella medio llena, la ven medio vacía (según el decir de Teodoro Petkoff), como si encontraran solaz en el sopor de las equivocaciones. Y es que en vez de fijarse en los veinte estados del país donde la oposición logró presentar candidatos unitarios a gobernadores, alcaldes y diputados a las asambleas legislativas, cogen la pepera esnobista de ponerle el ojo a un municipio sui géneris como Chacao, donde el chavismo casi ni existe. Es como diría el anarquista español: “díganme de qué están discutiendo para yo ponerme en contra”; es el ejercicio de la cheveridad discursiva para diferenciarse del montón, que somos la mayoría y que vamos a derrotar a Chávez este domingo 23 de noviembre.
Sin embargo, hay algo de cierto en la afirmación de Ronald, pero sólo en Chacao, donde esa unidad no se dio, en parte, por la voluntad del alcalde saliente Leopoldo López, quien decidió nombrar a dedo su sucesor (como si se tratara de escoger el delfín del principado de Chacaosburgo) en una suerte de ejercicio del chavismo al revés.
Los pesimistas viven tratando de aguarle la fiesta a quienes, con todos los defectos, han logrado reagruparse para combatir (como el boxeador que sube al ring con una mano amarrada a la espalda) a un megalómano autoritario.
Chávez ha secuestrado la democracia, ha escamoteado la independencia del poder ejecutivo, legislativo y judicial, ha malbaratado la módica suma de 800 mil millones de dólares para mantener becados sin trabajar a 3 millones de venezolanos a través de las misiones, pagar los funcionarios del G2 cubano que operan en Venezuela, financiar las campañas electorales en países como Argentina, Ecuador, Perú, Nicaragua y Bolivia; y, de paso, tener maniatado al Consejo Supremo Electoral.
La oposición está combatiendo a un energúmeno que es capaz de mandar a disparar contra una multitud inerme, como ocurrió el 11 de abril del 2002 en Puente Llaguno, que convierte la mentira en una política de Estado y que juega al insulto y la descalificación tramposa contra sus adversarios, porque está desesperado a sabiendas de que los números en las encuestas le son adversos.
Chávez va a perder la mayoría de las gobernaciones a manos de la oposición y del chavismo disidente, más la Alcaldía Mayor de Caracas (donde estamos apostando por el triunfo de Antonio Ledezma), por una razón muy clara: el PSUV es una manada de bates quebrados impuestos a dedo por el autor de todo este desvarío.
Chávez sabe que la mayoría de sus candidatos no calza los puntos para hacerse de una victoria limpia y por eso recurre al abuso de poder, a la utilización de los dineros del Estado, al manejo abusivo de Venezolana de Televisón para promover a sus eunucos, convirtiéndose él mismo en el mascarón de proa de esta comedia de las equivocaciones. Además, cuenta con innumerables medios de prensa comunitarios, que se rinden ante sus limosnas.
Sí, la mayoría de los bates quebrados están del otro lado del río en esta diatriba electoral, cosa que me recuerda una crónica de Adriano González León que aparece en su libro Del Rayo y de la Lluvia. Fue en los tiempos en que fue publicada la aparente foto de un monstruo en el lago escocés de Loch Ness. Transcurrieron los días y la cabeza de cisne gigante, sin pico y sin plumas, más nunca volvió a aparecer para desencanto de la prensa escandalosa. Por eso Adriano dejó constancia: “no hay duda, el monstruo está dentro de nosotros mismos”.
Entonces, saquémonos el monstruo de nuestras entrañas saliendo a votar masivamente el histórico día del 23 de noviembre del 2008, para rescatar nuestra democracia. Vale.