ARMANDO GONZALEZ
Asólo 28 días de las elecciones presidenciales me pregunto si, en la historia electoral de Estados Unidos, ha habido un candidato presidencial que haya recibido menos examen crítico que el senador Barack Obama. ¿Quién es este hombre que fue electo al Senado en noviembre del 2004? ¿Cómo es posible que alguien con un récord tan pobre y escaso en la escena nacional llegue a la nominación de su partido? ¿Cómo es posible que alguien con el récord de votación más liberal del Senado y con una larga historia de amistad con terroristas incontritos, con un ministro evangélico racista, con los corruptos operadores de la maquinaria política de Chicago se haya convertido, para millones de estadounidenses, en el faro guía a ``una política nueva, más limpia, bipartidista?''
Cuando consideramos los lazos de Obama con el reverendo Jeremiah Wright, los terroristas Bill Ayers y Bernardine Dohrn, el padre Michael Pfleger y los activistas militantes de ACORN (Association of Community Organizations for Reform Now), debiera estar claro que sus raíces radicales son profundas. Pero el candidato demócrata tiene otra conexión más con el radicalismo de extrema izquierda. Obama ha estado ligado durante más de veinte años con la Fundación Gamaliel de Chicago, uno de los grupos menos conocidos pero de mayor influencia como ''sombrilla'' de grupos de ''organizadores comunitarios'' basados en iglesias de barrio.
La misma ideología antiamericana, la versión afroamericana de la teología de la liberación pregonada a los cuatro vientos por el reverendo Wright es compartida, aunque de forma solapada, por los colegas de Obama en Gamaliel. Las tácticas legislativas de Obama así como su insistencia de ser un pragmatista no ideológico vienen directamente del catecismo de Gamaliel