
ENRIQUE Correa Ríos, durante los tiempos de Salvador Allende joven revolucionario del Mapu, junto a Fernando Flores, Jaime Gazmuri, Vicente Sota y otros dirigentes de ese partido.
Mucho después y en reiteradas ocasiones, se manifestó orgulloso de la tolerancia, de la fraternidad y del respeto a la diversidad existentes en el Partido Socialista. Alineado con la denominada “megatendencia” y con los grupos más progresistas o liberales de esa tienda política, celebró incluso el período de Camilo Escalona, y se mostró optimista frente a la creciente modernización del socialismo chileno. Hubo oportunidades en que, incluso, declaró su interés por asumir cargos directivos y trabajar más activamente en los desafíos del futuro.
Nunca le fue muy bien en las elecciones internas. Muchas veces pudo percibir una creciente animosidad en su contra entre los militantes del llamado socialismo histórico, aquellos que aún levantan el puño en los eventos más importantes de la militancia.
Siempre supo navegar en mares tormentosos y manejar hábilmente el timón para hacer frente a cuanta turbulencia política amenazara a la Concertación. Por eso, la renuncia de Enrique Correa Ríos a su militancia en el Partido Socialista produjo el efecto de un terremoto en las huestes gobiernistas, sorprendiendo a moros y cristianos. La razón esgrimida fue su discrepancia con el royalty minero impulsado por La Moneda, pero hasta el socialista más despistado sabe que tras la decisión de Correa se acumulan otras explicaciones.
Correa se transformó en los últimos años en el lobbysta más importante del país, con una red de contactos e influencias que despierta la envidia y desconfianza de mucha gente. Experto en manejo de crisis y conocedor profundo de los resortes que mueven a los medios de comunicación, suma, además, una proverbial habilidad para leer los escenarios de conflicto y pulsar las cuerdas que puedan inclinarlos en uno u otro sentido.
La lista de sus clientes indica también la relevancia que ha adquirido en las esferas empresariales y en instituciones de todo tipo, sumiendo a sus detractores en múltiples sospechas y lucubraciones. Asesor privilegiado de Soledad Alvear, muchos han querido ver su renuncia al PS como la obtención de una patente de corsario que le permita trabajar para que la actual canciller se transforme en la candidata presidencial de la Concertación, en las elecciones de diciembre del 2005.
Mayor Informacion:
http://www.laempresaprivada.com/chile.html
Mucho después y en reiteradas ocasiones, se manifestó orgulloso de la tolerancia, de la fraternidad y del respeto a la diversidad existentes en el Partido Socialista. Alineado con la denominada “megatendencia” y con los grupos más progresistas o liberales de esa tienda política, celebró incluso el período de Camilo Escalona, y se mostró optimista frente a la creciente modernización del socialismo chileno. Hubo oportunidades en que, incluso, declaró su interés por asumir cargos directivos y trabajar más activamente en los desafíos del futuro.
Nunca le fue muy bien en las elecciones internas. Muchas veces pudo percibir una creciente animosidad en su contra entre los militantes del llamado socialismo histórico, aquellos que aún levantan el puño en los eventos más importantes de la militancia.
Siempre supo navegar en mares tormentosos y manejar hábilmente el timón para hacer frente a cuanta turbulencia política amenazara a la Concertación. Por eso, la renuncia de Enrique Correa Ríos a su militancia en el Partido Socialista produjo el efecto de un terremoto en las huestes gobiernistas, sorprendiendo a moros y cristianos. La razón esgrimida fue su discrepancia con el royalty minero impulsado por La Moneda, pero hasta el socialista más despistado sabe que tras la decisión de Correa se acumulan otras explicaciones.
Correa se transformó en los últimos años en el lobbysta más importante del país, con una red de contactos e influencias que despierta la envidia y desconfianza de mucha gente. Experto en manejo de crisis y conocedor profundo de los resortes que mueven a los medios de comunicación, suma, además, una proverbial habilidad para leer los escenarios de conflicto y pulsar las cuerdas que puedan inclinarlos en uno u otro sentido.
La lista de sus clientes indica también la relevancia que ha adquirido en las esferas empresariales y en instituciones de todo tipo, sumiendo a sus detractores en múltiples sospechas y lucubraciones. Asesor privilegiado de Soledad Alvear, muchos han querido ver su renuncia al PS como la obtención de una patente de corsario que le permita trabajar para que la actual canciller se transforme en la candidata presidencial de la Concertación, en las elecciones de diciembre del 2005.
Mayor Informacion:
http://www.laempresaprivada.com/chile.html