
El año del carbón
MERCEDES SOLER
Erase una vez cuando los mayores amenazaban a los niños con que Santa Claus les traería carbón, en vez de regalos, si se portaban mal. Esta semana navideña somos los adultos quienes nos merecemos un trozo del mineral prieto. Porque la embarramos. No queda entre nosotros quien no se vea agraviado por las condiciones económicas actuales. Y, si lo analizamos filosóficamente, no podemos culpar a nadie más que a nosotros mismos. Por eso estamos pagando las consecuencias.
En una encuesta informal entre familiares y amigos confirmé lo que ya reflejaba mi hogar. Hasta el envío de tarjetas navideñas, ese mensaje anual de buenos deseos, ha disminuido en esta época. Las postales, y su obligatorio sello de 42 centavos, aparentemente se han convertido en un lujo incosteable para muchas personas. O quizá seamos presa del pánico colectivo sobre el futuro de nuestros empleos, los seguros médicos, los ahorros, las inversiones, o la carencia de todo lo anterior, y hemos sucumbido a una parálisis de la esperanza.