Diosdado Cabello, presidente de la asamblea Nacional de Venezuela, es un sujeto duro y controversial. Malquerido al mismo tiempo por la oposición democrática y por sus propios compañeros del chavismo.
En su alianza astuta con Chávez, Diosdado, un tipo disciplinado y perseverante, ha logrado construir un poder propio y unos cuantos millones de dólares para blindar ese poder. El es el único, dentro del elenco chavista de la primera fila, que en el momento oportuno, puede atreverse a la autonomía.
Diosdado es un punto de enlace entre civiles y militares del hoy confundido mundo chavista. En un equipo asustado por la falta de un sucesor al caudillo, este nativo del estado Monagas puede ser una opción consistente.
Pero Diosdado Cabello al lado de sus fortalezas tiene una peligrosa debilidad: como no es socialista ni toma en serioesas ideas reaccionarias de Chávez, es mal visto por los jerarcas del comunismo cubano, que después de todo tendrán una influencia, que puede ser decisiva, en el desenlace chavista.
En estos días apareció un afiche de promoción de una presunta candidatura presidencial de Diosdado Cabello. Esa sin duda es una jugada típica del laboratorio de guerra sucia cubano, en combinación con José Vicente Rangel, uno de sus aliados más crueles y sigilosos.
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