Es tal la carencia de escrúpulos, sentido del futuro y proyectos para el desarrollo, que varios dirigentes contemporáneos se han visto obligados a invocar a sus ancestros para gobernar en su nombre con toda la contundencia que puede tener un fantasma. En Corea del Norte, país donde lo más democrático es la tristeza y el hambre, el heredero de Kim Jon Il (es tan reciente su nombramiento que no ha habido tiempo de fijar su nombre en la memoria periodística) se aferra al espectro de su abuelo Kim Il Sun para continuar su régimen de terror y, a objeto de perpetuar su memoria, decide montar un espectáculo lanzando al espacio exterior un satélite que lo fije en el éter, el lugar de donde parece venirle la sangre azul a reyes y monarcas
continua
http://textosyanexos.blogspot.com/2012/05/la-fiesta-de-los-posesos.html