Se está volviendo un cierre prolongado, largo y tedioso. No le será fácil a Romney conseguir los delegados que necesita para asegurar su nominación. Es un panorama sombrío para el liderazgo republicano. Tres imposibles se han vuelto posibles.
Primero, llegar a la convención republicana sin un nominado. Segundo, que el nominado sea Santorum. Tercero, que Gingrich llegue como árbitro a la convención. Gingrich piensa llegar impulsado por el sólido sur en Georgia, Mississippi y Alabama. Si piensan que su estrategia es extraña, lo es. No hay mucha normalidad en estas primarias. Los discursos de los candidatos la noche del Súper Martes son reveladores. El de Romney, en Massachusetts, estuvo falto de garra. Se le vio más nervioso de lo habitual. Santorum, en Tennessee, conectó con su público desafiando la realidad y normalidad del país. Gingrich, en Georgia, dio un discurso yoyó. Fue yo, y yo, y yo, al extremo de parecer candidato en órbita de sí mismo.
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