Ricardo Trotti
El presidente Barack Obama está en aprietos ahora que arrancó el proceso electoral del Partido Republicano rumbo a noviembre. Todavía no tiene contrincante a quien dirigir sus mejores dardos y su flanco más débil, la economía, ya se transformó en el arma preferida de los candidatos que hasta hace días se dedicaban a aglutinar votos conservadores con argumentos divisorios sobre aborto, matrimonios del mismo sexo e interpretaciones bíblicas sobre cómo deberían ser los sistemas de salud y educación.
Es difícil predecir si emergerá pronto el contendiente del presidente Obama en el larguísimo proceso electoral republicano que se inició esta semana en el estado de Iowa y terminará en agosto en Florida con la Convención Nacional. Pero por lo que escuchó apenas terminado Iowa, en boca de los dos mejor posicionados, Mitt Romney, ex gobernador de Massachusetts, y Rick Santorum, ex senador por Pensilvania, Obama ya puede adivinar que lo acusarán de todo en materia económica, en especial, por crear un gobierno grande, deficitario y consumidor de recursos e impuestos.