sábado, 8 de octubre de 2011

¿Univisión altanera?

Alexis Ortiz.

Muchas veces los editores, periodistas y hasta los críticos mismos, actuamos como si en democracia todo se puede discutir, menos lo atinente a los medios de comunicación social, sus contenidos y efectos. En esta postura hay una componente de prepotencia, pero también de justo temor ante los intentos de cercenar la libertad de expresión.
La libertad de pensar (informar e informarse) es la flor de los derechos humanos. Por eso toda tentativa de mutilar la posibilidad de que la gente se exprese, es algo que tiene que ser enfrentado. Es preferible entonces, lidiar con los excesos que se cometen por la libertad de expresión, antes que rendirse ante cualquier zarpazo contra esa garantía ciudadana.
Pero en democracia todo es debatible, no hay dogmas ni verdades sacralizadas, ni los medios ni los periodistas son intocables, no pueden estar protegidos de la crítica por una coraza de miedo. No puede ser que quien se atreva a cuestionar a un medio o a un fablistán, inmediatamente es sospechoso de enemigo de la libertad de expresión. 
Sobre todo en estos tiempos en que los medios de comunicación social son, paradójicamente, un soporte de la democracia como instrumento de la vigilancia ciudadana, y, un factor de perturbación de esa convivencia democrática, con el exceso de poder que han venido adquiriendo.
Porque la democracia es equilibrio de poderes, armonía, equidad (checks and balances, como dicen en inglés) garantía de que ningún poder pueda avasallar a los otros. Por eso cuando alguno logra hegemonía la democracia se disloca. Y parece evidente a estas alturas, que los medios han adquirido más poder que lo conveniente para el conjunto del tejido social.
De alguna manera se patentiza esta percepción en el modo como la influyente televisora hispana de EEUU, Univisión, ha respondido a los reclamos por presunta presión inapropiada al senador republicano Marcos Rubio. Me cuesta vacilar en calificar de altanera la respuesta de Univisión, al propio tiempo que creo que no obraron bien los precandidatos presidenciales republicanos, al negarse a un debate entre ellos en ese canal, porque con su actitud castigan más al público que a la televisora.
Lo cierto es que favorece a una entidad de la importancia de Univisión  dar explicaciones convincentes, cuando se presenta un asunto tan enojoso como la presunta agresión mediática al senador Marcos Rubio, un personaje con el cual tengo escasa identificación doctrinaria, pero que merece respeto como ciudadano y como funcionario electo por el pueblo.
Y además, no he visto que el reportero Jorge Ramos se deslinde, claramente, de cualquier dudosa postura de algún ejecutivo de Univisión, que no pueda exhibir el prestigio y credibilidad de este periodista norteamericano de origen mexicano.  

alexis@elpolitico.com