Manuel Caballero fue el primer venezolano, entre los muy pocos a quien la selectiva Cambridge University Press publicó su disertación doctoral en la Universidad de Londres. Esta sola referencia ya anticipaba lo que habría de ser una vida prolífica de obra ensayista, al punto de convertir su libro con la editorial inglesa, en quizás el más modesto de sus logros.
Su mayor aporte vino después, al trazar una radiografía precisa sobre la idiosincrasia política de los venezolanos, y cómo hemos entendido el poder a lo largo de nuestra historia. En dos de sus muchos libros “Gómez, El Tirano Liberal: vida y muerte del siglo XIX” (1993) y “Rómulo Betancourt, Político de Nación” (2004), retrata a cuerpo entero la manera como esta Nación que chapotea en petróleo, ha lidiado con la psicología de los caudillos que han dominado su historia.
Venezuela ha tenido pensadores politicos de excepción, como es el caso de Mario Briceño Iragorri, Luis Castro Leiva, Laureano Vallenilla Lanz o Arturo Uslar Pietri. Sin embargo, ninguno de ellos tuvo en su tiempo una obra tan cientificamente respaldada, la profundidad de vision sobre la psicologia del Poder y la actualidad de Manuel Caballero.
En el fondo del pensamiento de Caballero y su obsesión por tratar de entender el Poder “a-la-venezolana” se encuentra un genuino apasionado por la libertad. Caballero es el intelectual (lamentablemente de excepción, en nuestro caso) que jamás se doblegó a la popularidad del caudillo. En su libro “¿Por qué no soy bolivariano?” (2006) explicó elocuentemente las razones por las cuales el caudillismo populista bolivariano no es sino una religión laica, a la que Caballero siempre rechazó, siguiendo así el primer mandamiento del intelectual, que es rechazar las verdades reveladas.
Caballero siempre predico desde la tribuna de la oposición política; hasta contra personajes a los que llegó a admirar después, como fue el caso de Betancourt. Quizás en eso, Caballero fue un demócrata por antonomasia, pues jamás aceptó cargo alguno ni favor del gobierno. Su rasgo más cabal fue ser siempre critico, y siempre lucido.
Se nos va no solo un gran pensador, sino uno de los pocos venezolanos con autoridad moral para orientar a esta sociedad confundida y arrasada por la plaga populista. Porque ese será el reto que los venezolanos tendremos luego de la salida del regimen presidido por el Teniente Coronel Chavez: administrar las culpas con justicia. ¿quién tendrá la autoridad moral para hacerlo?
Caballero fue la pluma de la Venezuela decente y talentosa que no ha muerto ni morirá. Pronto llegará el futuro.