BY FERNANDO BERCKEMEYER
Desde que empezó la crisis, más que nunca, oímos por todos lados hablar de ``los mercados''.
``Los mercados'', por ejemplo, escuchaba decir esta semana en la televisión española a un político gobiernista, eran quienes habían obligado al gobierno socialista a reducir los sueldos públicos y toda una serie de recortes al estado de bienestar (como la congelación de las pensiones o la cancelación del ``cheque-bebé'') que ha realizado. ``Los mercados'', leía el mismo día en la prensa internacional, habían reaccionado ante el infarto fulminante de Néstor Kirchner comprando bonos y acciones argentinas.
A ``los mercados'', por supuesto, nadie les ha visto la cara. Pero parecen terroríficos: muy poderosos y muy malos. Algo así como la mano que mueve --y sacude, cuando hay crisis-- la cuna en la que estamos todos. Perder la confianza de ``los mercados'' puede significar para un país tener que pagar mucho más para conseguir financiamiento, o no poderlo conseguir del todo. ``Los mercados'' son capaces de acabar con cosas tan altruistas como los ``chequés-bebés'' y de reaccionar con una subida de confianza ante la muerte de alguien. Es decir, se comportan con una fría impersonalidad ideal para que los políticos del tercer mundo --y los tercermundistas del primero-- expliquen que ``los mercados'' son los ricos que chantajean así a los gobiernos para que impongan las políticas ``neoliberales'' que sólo a ellos sirven.
Read more: