Cada vez que tratamos de expresar una opinión sobre lo que viene sucediendo en la PDVSA Socialista, la situación se nos complica. En primer término, porque mencionar PDVSA ya bloquea nuestra racionalidad en función del recuerdo de una empresa estatal clase mundial construida con mística y tesón; una empresa con defectos y problemas, pero también con la determinación interna de mejorar, de avanzar, de adaptarse a los retos de futuro. En segundo término porque en nuestra opinión se desvirtúa y se usa como pretexto el termino socialista, ya que, este no traduce, en términos reales y pragmáticos, la destrucción total de la esencia como empresa nacional de todos los venezolanos. Persuadidos estamos que correctamente debería adjetivarse como Comunista. Así, sin eufemismos, lo cual traduciría correctamente la esencia del término comunismo: destrucción, arrase, persecución, corrupción y desconocimiento intrínseco del significado de los límites nacionales y la soberanía, todo en función de un proyecto mundial sin fronteras y sin futuro.
De modo que esta PDVSA en su involución hacia la condición comunista, se ha dedicado a destruir y a poner al servicio de un proyecto ideológico en extinción su esencia, condenándose por ende, al fracaso, a su propia destrucción y a una agónica muerte que podría arrastrar en gran parte el futuro del país.