jueves, 9 de septiembre de 2010

TRIBUNA LIBRE

Por Luis Conte Agüero

ACADEMIA DE LA HISTORIA DE CUBA

Aunque ya habitual, me impacta la invitación del presidente Don Emilio Martínez Paula a que pronuncie palabras de resumen. No necesito improvisar. Conceptos y formas integran un diario quehacer cubano y americano con sabor a mundo y temblor de angustia que comanda.

Penas cubanas y universales asaltan permanentemente a los aquí reunidos. Queremos ver encendida la estrella solitaria de nuestra bandera y que acrecienten su fulgor las cincuenta estrellas de la nación que nos acoge generosamente, en tanto escatima cada vez más la ayuda que requiere la reconquista de nuestra democracia. Agradecemos ¡Y cómo no! la mano extendida en solidaridades y el seno amoroso que refugia a tanta gente que llega en desvelo y búsqueda. Y el tratamiento especial que reciben los cubanos se compensa y retribuye con realizaciones y logros vigorosos que aportan a la prosperidad y desarrollo general. Sin embargo, en el empeño fundamental de redención al acelerador cubano lo detienen el freno y las desviaciones de un timón que no lleva a parte alguna... porque no quiere llegar. Esta verdad no invita al abandono sino al quehacer multiplicado por el deber de patria y urgencias de conciencia y autoestima.