Antonio A. Herrera-Vaillant
En días recientes el “Biography Channel” presentó la vida y caída de Nicolás y Elena Ceacescu en Rumanía. Cuando se observa el Tribunal que manda a fusilar al dúo diabólico, surge la pregunta: ¿Y dónde estaban todos esos militares y magistrados la semana antes de aquel desenlace?
Resulta que una de las más duras realidades que afronta un gobierno de fuerza es que todos – sin excepción - están montados sobre lealtades efímeras y precarias.
Todo régimen totalitario cuenta con flamantes parlamentos, jueces, y oficialidades militares a los que rara vez se les ven las caras salvo en actitudes de adoración hacia el Jefe. Todo lo que ve el público es la jeta del Fuhrer, Duce, ó Máximo Líder, que suplanta los rostros, mentes y conciencias de sus adláteres.
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