“En Venezuela no sólo hay petróleo y margaritas, sino también excelentes músicos”, expresó evidentemente emocionado el vicecanciller de Rusia, Sergey Ryabkov, tras la presentación de la Orquesta Sinfónica de la Juventud Venezolana Simón Bolívar, la cual hizo estremecer los corazones del público moscovita durante su presentación en el Tchaikovsky Concert Hall de Moscú, bajo la dirección del talentoso Gustavo Dudamel.
El joven director venezolano tocó los corazones de las mil 510 personas asistentes al concierto, tras la interpretación de la Sinfonía Nº 5, de Ludwig Van Beethoven, y de La consagración de la primavera, de Igor Stravinsky.
Según informó la Fundación del Estado para el Sistema Nacional de las Orquestas Juveniles e Infantiles de Venezuela (Fesnojiv), el Tchaikovsky Concert Hall se vino abajo, literalmente, cuando el público moscovita, caracterizado por su rigurosidad y poca efusividad, saltó de sus butacas al ritmo del Mambo, de Leonard Bernstein, que algunos pidieron a gritos, pero también del Alma llanera, el último de los cuatro bis de la noche que dejó sabor venezolano en la audiencia rusa.
Al respecto, el vicecanciller indicó que 'en Rusia ya queremos tener una orquesta ruso-venezolana. Es una idea maravillosa'.
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