La historia reciente de Venezuela sigue escribiéndose con tristeza y dolor, sobretodo por la manera irresponsable como la mayoría de los gobernantes han administrado las arcas de la nación. Las riquezas del petróleo, en vez de una bendición, se han convertido en una especie de maldición para nuestro país tercermundista. Nos acostumbramos a vivir dentro de una economía altamente dependiente de los ingresos por las exportaciones del petróleo. Y hasta ahora, ningún gobierno de la Venezuela petrolera ha podido diversificar nuestra economía e implementar programas de desarrollo socio-económico que beneficien a la población. Periódicamente, lo que ha ocurrido es que al aumentar los precios del petróleo, los gobiernos de turnos se han dedicado a despilfarrar los petrodólares y aumentar la corrupción administrativa. Así tenemos, el caso del gobierno del presidente Luís Herrera Campins (1979-1984), durante el cual los precios del petróleo lograron pasar los 30 dólares por barril, debido principalmente a la política de bloqueo que realizaron los países árabes contra los Estados Unidos y otros países occidentales. Sin embargo, las presiones para el pago de la deuda externa de los bancos internacionales obligaron al Banco Central de Venezuela a declararse insolvente en febrero de 1983. Nuestro signo monetario, que se había mantenido por décadas a un “cambio irreal” de Bs. 4,30 por dólar, se devaluó de la noche a la mañana, entre Bs. 12 y Bs. 15 por dólar en el mercado libre. Este lamentable incidente desató una de las mas grave crisis económicas y financieras del país. Por ello, el 18 de febrero de 1983, se le conoce como el “Viernes Negro”.
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