sábado, 4 de octubre de 2008

La hora de los vampiros



La hora de los vampiros
Abel Ibarra

Además de macabro, el asesinato de un dirigente estudiantil con veinticinco disparos, resulta sumamente extraño. El ensañamiento con el cual fue realizado el crimen, habla de un odio soterrado que hizo explosión veinticinco veces para acabar con la vida del dirigente estudiantil opositor Julio Soto. La prudencia policial y periodística exige una aproximación cautelosa a un hecho envuelto en el más oscuro de los enigmas. No hay pistas, no hay rastros de los autores y la versión de los acompañantes del muchacho son muy confusas como para intentar una explicación del suceso.
Pero, siempre hay un pero, la atmósfera de terror e intimidación contra los ciudadanos que se ha desatado desde las altas esferas del gobierno, comenzando por su capitoste Hugo Chávez, obligan a que uno se ponga capcioso frente a las razones que pudieran estar detrás del tenebroso crimen.
A raíz del juicio que se celebra en Miami por el caso del maletín con los 800 mil dólares destinados a financiar la campaña de Cristina Kirchner en Argentina, al gobierno le explotó una bomba en la cara, porque aparecen implicados en el asunto los más altos funcionarios de este gobierno de delincuentes de cuello rojo. Desde entonces la Cosa Nostra chavista entró en pánico y ha desatado una campaña estentórea para tratar de ocultar el hecho, porque se acercan las elecciones y al gobierno no le dan las cuentas. El cuento del magnicidio y los intentos de golpe de estado son una ópera bufa montada por ellos como burladero para esconder la realidad.

Un viejo libreto
El hecho de que tanto Chávez como el ministro de defensa y el jefe del ejército, se hayan enterado del supuesto intento de magnicidio a través del programa de televisión de Mario Silva, da ganas de reír por lo burdo de la maniobra. Y como uno ha aprendido a leer entrelíneas los desmanes de este gobierno, entiende que la intención es enrarecer el ambiente tratando de crear las condiciones para suspender las elecciones. Pero la oposición no ha caído en provocaciones y se ha dedicado a compactar la unidad en busca del triunfo electoral.
Luego de ese primer acto fallido, han montado una campaña de intimidación contra periodistas y gente de la oposición que ha venido dando la pelea sin desmayo contra los excesos del régimen. Los atropellos contra Leopoldo Castillo, Carla Angola y César Miguel Rondón, al confiscarle los pasaportes para ser fotocopiados, la anulación del mismo documento del profesor universitario Heinz Sonntag, las amenazas contra Miguel Henrique Otero y la detención arbitraria de Alberto Federico Ravell cuando se disponía a viajar a España para un congreso de la SIP, son muestras de la desesperación y la baja ralea de estos enanos mentales que nos gobiernan.
Y, como condimento del desaguisado, Chávez atizando la candela con su verbo incendiario y llamando a pulverizar a los opositores. Uno no puede culpar al gobierno del asesinato del estudiante, pero sí puede pensar que cualquier loco, inspirado en las aladas palabras del jefe de la revolución, haya salido a pulverizar gente por su cuenta para ganar puntos con sus superiores.

Una anécdota
El año de 1976, cuando Alexis Ortiz era presidente de la Federación de Centros Universitarios de la UCV, fuimos a tratar de apaciguar uno de los habituales disturbios que se daban en esos “jueves culturales” a la entrada de “Las Tres Gracias”. Recuerdo que le dije a Alexis que no siguiéramos de apaga fuegos porque los locos de la ultra izquierda no tenían remedio.
Alexis comenzó a burlarse y me llevó a empujones por los pasillos. Llegamos al edificio rojo de la biblioteca central, comenzamos a bajar por la plazuela que los estudiantes de letras llamábamos la explanada de Elsinor en honor al papá de Hamlet y, cuando llegamos al estacionamiento principal, unos francotiradores apostados en el edificio de la facultad de Farmacia nos cayeron a tiros.
Un silbido sonó muy cerca cuando nos tirábamos al piso. A Alexis se le congeló la burlita en la cara y dijo: “ese traía”. Los vampiros de la ultra izquierda, sedientos de sangre, andaban buscando un mártir para culpar a la policía y seguir en su festín revolucionario.
Pues bien son esos mismos vampiros o sus congéneres en el sub-phillum de los chupa sangre, los que están gobernando en Venezuela. Vale.