AMERICO MARTIN:
El hombre conspira contra sí mismo, eso es verdad. Pero también lo es que, contra las cuerdas, su instinto lo induce a recuperar alguna forma de iniciativa, echando mano de cualquier recurso, así niegue lo que minutos antes ha postulado. Sus arrobados leales ven en tales esguinces una diestra manera de convertir las derrotas en victorias. Olvidan que esas derrotas son gratuitas: se las inflige él mismo, y por lo tanto no hace más que mitigar sus disparates. No es mal gladiador, pero se desgasta luchando contra sus propias fantasías.
Lo demuestra el salto atrás que protagonizó al poner en libertad al líder de la Ferrominera estatal, después de ordenarle a su tribunal que lo sentenciara a ocho años por dirigir una huelga legítima, pacífica y legal. Fuera de Venezuela quizá se ignore que el régimen socialista ha enjuiciado a más de cien dirigentes sindicales, muchos de los cuales eran de su partido y ahora están en la disidencia. La sentencia contra el líder ferrominero Rubén González fue como la nariz de Cleopatra. Estuvo en trance de estallar una huelga general
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