El esnobismo y la mala conciencia acerca de cómo nos hemos equivocado en el pasado eligiendo a nuestros gobernantes, son dos de las principales motivaciones que nos conducen a vivir dando pasos cerca del abismo en los procesos políticos contemporáneos. En Colombia se está a punto de dar un salto en el vacío y son múltiples las piedras en el camino hacia el infierno:
El fetichismo de la gente que siempre anda en busca de salvadores de la patria. La candidez (por decir lo menos) de los “progres” que sueñan con la aparición milagrosa de “algo nuevo” que los haga salir de su modorra cotidiana. Los planes continentales de la izquierda patibularia tratando de derrotar la “paz democrática” instaurada exitosamente por Uribe. La nostalgia prometeica de esa otra izquierda dulzona que no se ha sacado del corazón el propio fracaso que les dio en la cara en la década de los sesenta. Y, la estulticia de los dueños de los medios de comunicación que, promoviendo una candidatura como si fuera un espectáculo, son las evidencias de que en Latinoamérica nos gusta fabricar cuchillos para nuestra propia garganta, fabricando una gleba electoral perversa que se diluye al día siguiente de las elecciones.
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