En
su afán de disfrazarse de “rebeldes”, este tipo de opulentos contestatarios
norteamericanos, terminan avalando las causas más deleznables
Después
de prestarse para ser vocero de Hugo Chávez, padrino de las FARC y abogado de
Fidel Castro, el cineasta norteamericano Sean Penn, aparece en un nuevo rol
estelar en la película de las inconsecuencias: Embajador honorario del
autocrático caudillo boliviano Evo Morales.
En
su afán por disfrazarse de “rebeldes”, este tipo de opulentos contestatarios
norteamericanos (Penn, Danny Glover, Moore, Belafonte…), terminan avalando con
su prestigio las causas más deleznables.
Esa
conducta no puede responder a estolidez ni ignorancia, porque sería injusto no
reconocer que ellos son instruidos e inteligentes, lo que lo conduce a uno a
pensar en explicaciones alternas:
La
primera ya la mencionamos, se trata de la astucia para acomodarse el antifaz de
“progresistas”. Porque ellos saben que para el simplismo mediático,
“progresismo” es mostrarse como enemigo de los Estados Unidos. Por eso los Penn
de distintas pelambres, no vacilan en acostarse en la cama de los que odian y/o
envidian a la Democracia norteamericana.
La
otra podría ser que, al parecer, enarbolar posturas anti norteamericanas es
algo rentable también desde el punto de vista financiero y de imagen. Podría no
ser casualidad que estos paladines del anti imperialismo, sean por lo
general millonarios y famosos y que, cosa curiosa, parecen estar
dispuestos a todo, menos a sacrificar sus gruesas fortunas y candilejas.
