Un peatón pasa junto a la Bolsa de Nueva York el lunes, cuando los mercado de valores volvieron a desplomarse debido a la crisis de la deuda.
Guillermo Descalzi
En el debate sobre la deuda nacional los dos lados han sido igualmente irresponsables. Los republicanos empujaron, los demócratas cedieron, y todos perdieron. El deterioro de nuestro crédito es solo la primera consecuencia de esto. Demócratas y republicanos siguen culpándose unos a otros.
La consecuencia está a la vista. El Sueño Americano está en peligro. Es fácil ver por qué. Se ha formado una tormenta económica casi perfecta, la más perfecta desde el inicio de la era industrial. Es planetaria. No hay donde guarecerse.
La adopción del euro quitó flexibilidad monetaria a los países que lo adoptaron. Los gobiernos que aceptaron el euro no pueden aplicar remedios monetarios a sus economías porque no controlan la moneda. En Grecia una devaluación del dracma pudiese haber ayudado, pero Grecia ya no tiene el dracma. La crisis europea lleva nombre propio y se llama euro. Con el euro los males de las economías débiles amenazan la estabilidad de todos, mientras que la presión del euro sostenido por economías fuertes inmoviliza las más débiles.
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