En los laboratorios psicosociales de las izquierdas podría estar gestándose un neo-Humalismo gradual en la estrategia, pero radical en las metas, que pasaría a actuar con medios más sofisticados e indoloros para descoyuntar psicológica y moralmente a la sociedad peruana, anarquizándola gradualmente con anestesias, sin sobresaltos y sin choques, promoviendo una especie de eutanasia social
1. Visto desde el exterior, el panorama político del Perú, a un mes de la segunda vuelta de las elecciones presidenciales, marcadas para el próximo domingo 5 de junio, se presenta caótico, surrealista y con síntomas de un proceso que puede desembocar en la propia autodemolición del país.
2. Según las pesquisas electorales, en términos redondos un 40% estaría dispuesto a votar al candidato de izquierda, Sr. Ollanta Humala; otro 40%, a la candidata populista, Sra. Keiko Fujimori; un 10% estaría indeciso; y el 10% restante consideraría la posibilidad de anular su voto o abstenerse.
3. Delante de ese cuadro, existen serias posibilidades de que el Sr. Humala se transforme en el próximo presidente del Perú, con todas las consecuencias desastrosas que ello podría traer no solamente para ese importante país andino sino inclusive para el panorama sudamericano.
En efecto, el Perú estaba sirviendo de saludable contrapeso a los vecinos gobiernos izquierdistas del Ecuador y de Bolivia, y sobre todo al mentor de éstos, el gobierno radical de Chávez, de Venezuela. Ahora, de un momento para otro, esa tortilla política sudamericana podría darse vuelta y el Perú podría pasar a la órbita chavista o, por lo menos, dejar de servir de contrapeso.
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