miércoles, 14 de julio de 2010

REFLEXIONES, DE MUNDIALES, PULPOS Y TRASCENDENCIA


El mundial de fútbol ocurre cada cuatro años y es realmente una cita mundial.
Muchos países lo juegan y lo disfrutan. Pero la afición crece y los contagiados con el entusiasmo de los jugadores y los fanáticos aumentan en proporciones considerables.
Es un deporte antiguo, dicen los historiadores, porque el fútbol los tiene. El origen se remonta a China y las primeras huellas se encuentran aproximadamente en 200 años a.c. Pero, continúan contándonos, que en Inglaterra en el siglo XII, surge este deporte como tal, aunque las reglas más exactas se crearon en el siglo XIX. El primer mundial, la primera fiesta, alegre y competitiva como vimos la de este año, se organizó en Uruguay en el año 1930. Obviamente no es necesario advertir que la realización no fue como la última. En aquella ocasión el campeón fue precisamente el anfitrión, Uruguay, en un final emocionante con Argentina.
Los mundiales, cada uno de ellos, tiene sus propias características y emociones. Depende de muchos factores: el país donde se realiza, los equipos nacionales que han llegado al codiciado final, y muchos otros factores más, pero de pronto puede surgir algún elemento inesperado, extraordinario.
Y en este mundial ha ocurrido precisamente así. Quien ha acumulado considerable atención y mucha prensa es nada más y nada menos que un pulpo. Y no uno cualquiera con humilde y sencillo perfil de mascota.
El pulpo del mundial tiene nombre propio. Se llama Paúl. Su origen es británico y seguramente reclaman para él toda la flema inglesa identificante. Ahora reside nada más y nada menos que en Alemania. Es joven, tiene dos años.

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