En 1916 el señor Clarence Saunders, por allá en Memphis [USA], patentó la idea de una tienda de autoservicio. Esos locales de artículos de usos diarios tan comunes hoy día, hace un siglo, no existían. En la actualidad la extensión del invento abarca todo el planeta y cada vez son más sofisticados, al extremo que ya se puede comprar a distancias kilométricas a través del maravilloso instrumento de la Internet. El 1917, un año después, Vladimir Lenin, patentó la Revolución Rusa. Este invento llegó a su fin el 1991. El invento duró vivo siete décadas. Pese a su evidente fracaso, algunas mentes afiebradas persisten en mantener latente el invento en otras latitudes, pero la extinción es inevitable. La idea que privó para comprar en una tienda de autoservicio, era que el cliente se paseara por una estantería donde se exhibían todos los productos de la tienda, examinara la mercancía que deseaba, escogiera la que más le gustara dentro de las alternativas, veía cuánto costaba [también idea del señor Saunders] y cancelaba al salir.
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http://www.laempresaprivada.com/rblog01.pdf