jueves, 21 de enero de 2010

REVUELTA EN EL VECINDARIO CHAVISTA

REVUELTA EN EL VECINDARIO CHAVISTA

Por Alexis Ortiz.

Cuando arrancó este Tercer Milenio, hace una década, los analistas tenidos por más lúcidos, se emperraban en anunciar que América Latina iba a sucumbir al desafío del autoritarismo populista, o neocomunismo, disimulado bajo el antifaz de socialismo del siglo XXI.

La estrategia de aprovechar los desgastes democráticos, para tomar democráticamente el poder y luego destruir la Democracia, para instaurar la inviable dictadura de un caudillo delirante, lucía indetenible con su astuta dirección desde La Habana y financiamiento venezolano.

Los avances en Bolivia, Ecuador, Nicaragua y Venezuela. El chantaje petrolero de Hugo Chávez sobre las frágiles naciones de Centroamérica y el Caribe, al lado del control de la insulsa OEA y el padrinazgo a figuras calenturientas como Ollanta Humala en Perú, Piedad Córdoba en Colombia y López Obrador en México, parecían darle la razón a los que proclamaban como inexorable la implantación del neocomunismo.

Pero el tiempo impuso su estatura y, al cabo de una década, el desafiante populismo de los albores del nuevo milenio, ha comenzado a mostrar grietas y caries por doquier. Bolivia, Ecuador, Nicaragua y Venezuela, teledirigidas por los envejecidos hermanos Castro, se sostienen por la corrupción de los petrodólares de Chávez, la demagogia, el fraude electoral y la cada vez más desembozada represión. Y se sostienen al precio de la ruina política, económica y moral de esos países imitadores del fracaso cubano.

El resto de las naciones del continente se aleja de ellos como de la peste. Algunos sin ruido, como las islas del Caribe vulnerables al chantaje petrolero de Chávez; mientras que otros sencillamente rechazan sin ambages el modelo reaccionario socialista. Tal cosa se puede apreciar en los últimos resultados electorales del continente.

Los socialistas democráticos de Uruguay, El Salvador, Guatemala y Paraguay, de un modo cuidadoso pero contundente, han marcado su distancia con Chávez y los Castro. Chile continuará su marcha hacia el Primer Mundo del desarrollo con Sebastián Piñera y no hubiera sido distinto con Frei. En Honduras se pulverizó la tentativa chavista de marionetizar ese país.

En Argentina la parejita Kirchner ya comenzó a sufrir los rigores de un electorado harto de su demagogia y arbitrariedad. En Brasil, el partido de ese acrobático bailarín de capoeira y padrino de Chávez, Lula Da Silva, según todos los sondeos será derrotado en los próximos comicios.

En México Calderón se consolida y López Obrador es una fantasmagórica figura del pasado; en Perú el gobierno del valiente Alan García será sustituido por la hija de Fujimori o el brillante Alejandro Toledo, pero Ollanta, el pupilo de Chávez, aparece como un globo desinflado. Costa Rica seguirá su sólida tradición institucionalista y Panamá puso su destino en manos de un demócrata serio, el señor Martinelli. Y teníamos que cerrar con nuestra vecina y querida Colombia, donde la opción del presidente Uribe se reitera invencible (rogamos que en homenaje a la alternabilidad republicana, el admirable Uribe sea sucedido por un uribista recio).

Todo eso sin contar que en Bolivia, Nicaragua, Ecuador y Venezuela, estallan descontentos y emergen liderazgos nuevos, que permiten avizorar con prudente optimismo el porvenir de esas naciones. Lo mismo se puede decir de Cuba, donde seguramente el régimen oprobioso no sobrevivirá la muerte de los hermanos Castro (aunque haya dudas, los déspotas también mueren).

O sea que el socialismo del siglo XXI rechiflao en su tristeza, ya se desliza cuesta abajo en su rodada…