martes, 8 de diciembre de 2009

España, cuando la energía es viento

España, cuando la energía es viento

Escrito por Alvaro Vargas Llosa

Algeciras (sur de España)—Cuando uno recorre las tierras de Don Quijote en Castilla-La Mancha, lo asalta el espectáculo orgulloso de los parques eólicos que salvarán, con su limpia energía, a Iberia y el planeta. Lo siguen, ya en Andalucía, el de las granjas solares y los empleos ecológicos del futuro.

Sólo que, si las cosas continúan como van en España, adalid mundial del combustible renovable, es posible que la energía eólica y solar no nos salve de nada —ni renueve la economía capitalista.

España es el tercer productor de energía alternativa, después de Estados Unidos y Alemania; si se toma en cuenta el tamaño relativo de su economía y su población, es el mayor. La primera torre solar se erigió cerca de Sevilla. El próximo año la energía eólica y solar representará un 30 por ciento de la matriz energética española. Sus turbinas eólicas son una maravilla tecnológica: Estados Unidos importa muchas de ellas.

Pero estos logros no son el resultado de las opciones personales de los ciudadanos y la sana interacción entre productores y consumidores, sino de una trama política que combina proteccionismo, úcases y subsidios. Hace unos meses, un estudio de Gabriel Calzada, de la Universidad Rey Juan Carlos, causó revuelo internacional cuando reveló que cada puesto de trabajo ecológico cuesta a los contribuyentes españoles entre 540.000 y un millón de euros, e implica 2,2 puestos de trabajo perdidos o no creados por la mala asignación de capital. A pesar de unos 43 mil millones de euros en subsidios, la energía solar todavía no es un componente clave de la matriz energética y España no ha cumplido con el acuerdo de Kioto.

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