Escrito por Alvaro Vargas Llosa
Algeciras (sur de España)—Cuando uno recorre las tierras de Don Quijote en Castilla-La Mancha, lo asalta el espectáculo orgulloso de los parques eólicos que salvarán, con su limpia energía, a Iberia y el planeta. Lo siguen, ya en Andalucía, el de las granjas solares y los empleos ecológicos del futuro.
Sólo que, si las cosas continúan como van en España, adalid mundial del combustible renovable, es posible que la energía eólica y solar no nos salve de nada —ni renueve la economía capitalista.
España es el tercer productor de energía alternativa, después de Estados Unidos y Alemania; si se toma en cuenta el tamaño relativo de su economía y su población, es el mayor. La primera torre solar se erigió cerca de Sevilla. El próximo año la energía eólica y solar representará un 30 por ciento de la matriz energética española. Sus turbinas eólicas son una maravilla tecnológica: Estados Unidos importa muchas de ellas.
Pero estos logros no son el resultado de las opciones personales de los ciudadanos y la sana interacción entre productores y consumidores, sino de una trama política que combina proteccionismo, úcases y subsidios. Hace unos meses, un estudio de Gabriel Calzada, de la Universidad Rey Juan Carlos, causó revuelo internacional cuando reveló que cada puesto de trabajo ecológico cuesta a los contribuyentes españoles entre 540.000 y un millón de euros, e implica 2,2 puestos de trabajo perdidos o no creados por la mala asignación de capital. A pesar de unos 43 mil millones de euros en subsidios, la energía solar todavía no es un componente clave de la matriz energética y España no ha cumplido con el acuerdo de Kioto.
CONTINUA
http://www.libreonline.com/home/index.php?option=com_content&task=view&id=8199&Itemid=35