
Estados Unidos no cumple con sus propias recetas
By CARLOS ALBERTO MONTANER
By CARLOS ALBERTO MONTANER
Madrid -- En los años ochenta y noventa del siglo pasado, cada vez que en cualquier país del mundo se desataba una crisis económica, los hábiles especialistas del Fondo Monetario Internacional (FMI) y del Banco Mundial (BM) acudían a apagar el incendio dotados de una eficaz receta. Inmediatamente, prometían ayuda masiva a cambio de que las naciones afectadas:
• Balancearan el presupuesto (aunque tuvieran que aumentar los impuestos)
• Recortaran los gastos (incluidos los llamados ''gastos sociales'', si era necesario)
• Controlaran la inflación
• Estimularan el ahorro
• Pagaran o renegociaran la deuda pública, comprometiéndose a no incrementarla
• Redujeran el déficit comercial
• Abrieran sus mercados a la competencia
• Dejaran flotar sus tasas de interés y sus divisas para que la depreciación de la moneda sirviera de ajuste, aunque todos se empobrecieran con la disminución de los valores de la propiedad y la merma del poder adquisitivo de los salarios o de los ahorros.
Ante esta receta (que años más tarde se perfeccionará en el llamado Consenso de Washington),