
Los niños de la guerra islámica
Abel Ibarra
Lo más terrible de toda guerra es la muerte de civiles, entre ellos, los niños. Pero, peor aun, es que para concitar la conmiseración internacional, quienes denuncian el hecho, son, justamente, quienes entrenan a menores de edad para convertirlos en bombas portátiles (apenas al bajarse de la cuna), para hacerlos estallar sin compasión donde se encuentre un infiel; léase, todo el que no profese el Islam.
Gracias a Internet (y a pesar de las fastidiosas cadenas que ofrecen milagros y a poetas de closet que pergeñan cursilerías untadas como baba a las imágenes del Power Point), hemos podido leer muchos mensajes que la llamada “gran prensa” no muestra porque, invadida como está por izquierdistas trasnochados, omiten cualquier información que muestre la verdadera cara del terrorismo internacional y, porque profesan un almibarado “espíritu pacifista”, que no es otra cosa que el miedo a que un día les explote una bomba islámica sobre sus mesas de redacción.
El caso es que muchas de esas imágenes cibernéticas muestran niños ataviados con batola hasta los tobillos, biberón en una mano, fusil AK-47 en la otra y un racimo de bombas fabricadas con explosivo C4, atado a la cintura como prueba de que a los radicales islámicos les importa un carajo la vida de los demás. Los líderes sí ponen pies en polvorosa ante el menor peligro, como hizo Ismail Haniye, el Jefe del Gobierno de Hamás, después de ordenar el lanzamiento de cohetes sobre el sur de Israel y de haber causado la muerte de un trabajador de la construcción.
La ofensiva israelí
Israel respondió a las agresiones que el grupo terrorista Hamás les ha venido profiriendo desde que llegó al poder en Palestina, pero con más tino; dispuestos a zanjar este asunto de una vez por todas. En cinco días le habían destruido a Hamás varios edificios ministeriales: Interior, Estado, Finanzas, Exteriores, Trabajo, Vivienda y volvieron añicos el cuartel general del Jefe del Gobierno, el campeón de 100 metros planos, Ismail Haniye, desde donde se planificaban, financiaban y organizaban actividades terroristas contra Israel.
Además, han atacado 35 blancos en la franja de Gaza, con la destrucción de túneles, lanzaderas de cohetes y almacenes de armas, inutilizándole a Hamás un tercio de su poder bélico para evitar, sobre todo, la muerte de niños (los judíos también tienen niños), por cohetes lanzados sobre escuelas del sur de Israel. Y, lamentablemente, han causado 380 bajas y 1.700 heridos, algunos de ellos civiles, que las agencias internacionales de prensa se han encargado de destacar, para decir que los judíos son unos muérganos.
Y allí es donde vienen Sarkozy y el Secretario General de la ONU a interceder por los terroristas del Hamás, diciendo que “esto es inaceptable”, para solicitarle una tregua a Israel que permita lograr la paz, cuando se sabe que la única que Hamás desea es la de los cementerios.
No es no
Un portavoz del Ministerio del Exterior israelí declaró que la iniciativa francesa “puede considerarse rechazada oficialmente” y agregó que esto permitiría que Hamás se preparara mejor para el combate: “No sería apropiado. No se puede confiar en Hamás”, remató el funcionario, como evidencia de que Israel va a llevar el asunto hasta sus últimas consecuencias.
Mi abuelo, que no era judío, decía que “el que a hierro mata, no puede morir a sombrerazos”. Vale.
P.S: A mis amigos cripto-pacifistas, por favor, no me vengan a esgrimir el espíritu de la tolerancia que animan estas fiestas decembrinas.
Abel Ibarra
Lo más terrible de toda guerra es la muerte de civiles, entre ellos, los niños. Pero, peor aun, es que para concitar la conmiseración internacional, quienes denuncian el hecho, son, justamente, quienes entrenan a menores de edad para convertirlos en bombas portátiles (apenas al bajarse de la cuna), para hacerlos estallar sin compasión donde se encuentre un infiel; léase, todo el que no profese el Islam.
Gracias a Internet (y a pesar de las fastidiosas cadenas que ofrecen milagros y a poetas de closet que pergeñan cursilerías untadas como baba a las imágenes del Power Point), hemos podido leer muchos mensajes que la llamada “gran prensa” no muestra porque, invadida como está por izquierdistas trasnochados, omiten cualquier información que muestre la verdadera cara del terrorismo internacional y, porque profesan un almibarado “espíritu pacifista”, que no es otra cosa que el miedo a que un día les explote una bomba islámica sobre sus mesas de redacción.
El caso es que muchas de esas imágenes cibernéticas muestran niños ataviados con batola hasta los tobillos, biberón en una mano, fusil AK-47 en la otra y un racimo de bombas fabricadas con explosivo C4, atado a la cintura como prueba de que a los radicales islámicos les importa un carajo la vida de los demás. Los líderes sí ponen pies en polvorosa ante el menor peligro, como hizo Ismail Haniye, el Jefe del Gobierno de Hamás, después de ordenar el lanzamiento de cohetes sobre el sur de Israel y de haber causado la muerte de un trabajador de la construcción.
La ofensiva israelí
Israel respondió a las agresiones que el grupo terrorista Hamás les ha venido profiriendo desde que llegó al poder en Palestina, pero con más tino; dispuestos a zanjar este asunto de una vez por todas. En cinco días le habían destruido a Hamás varios edificios ministeriales: Interior, Estado, Finanzas, Exteriores, Trabajo, Vivienda y volvieron añicos el cuartel general del Jefe del Gobierno, el campeón de 100 metros planos, Ismail Haniye, desde donde se planificaban, financiaban y organizaban actividades terroristas contra Israel.
Además, han atacado 35 blancos en la franja de Gaza, con la destrucción de túneles, lanzaderas de cohetes y almacenes de armas, inutilizándole a Hamás un tercio de su poder bélico para evitar, sobre todo, la muerte de niños (los judíos también tienen niños), por cohetes lanzados sobre escuelas del sur de Israel. Y, lamentablemente, han causado 380 bajas y 1.700 heridos, algunos de ellos civiles, que las agencias internacionales de prensa se han encargado de destacar, para decir que los judíos son unos muérganos.
Y allí es donde vienen Sarkozy y el Secretario General de la ONU a interceder por los terroristas del Hamás, diciendo que “esto es inaceptable”, para solicitarle una tregua a Israel que permita lograr la paz, cuando se sabe que la única que Hamás desea es la de los cementerios.
No es no
Un portavoz del Ministerio del Exterior israelí declaró que la iniciativa francesa “puede considerarse rechazada oficialmente” y agregó que esto permitiría que Hamás se preparara mejor para el combate: “No sería apropiado. No se puede confiar en Hamás”, remató el funcionario, como evidencia de que Israel va a llevar el asunto hasta sus últimas consecuencias.
Mi abuelo, que no era judío, decía que “el que a hierro mata, no puede morir a sombrerazos”. Vale.
P.S: A mis amigos cripto-pacifistas, por favor, no me vengan a esgrimir el espíritu de la tolerancia que animan estas fiestas decembrinas.