No hay nada más repelente a la cultura democrática que la noción de pensamiento único. La Democracia es pluralismo y diversidad. Y como corolario de lo anterior debate, confrontación de ideas y, desde luego, tolerancia.
O sea que toda tentación de exclusividad, de prohibición del pensamiento, las organizaciones y los hombres de izquierda, es una espantosa traición al espíritu, propósito y razón de la convivencia democrática. Por eso postulamos que existe una izquierda necesaria.
Una izquierda que no encuentra contradicción entre libertad y justicia y tiene el coraje de la autocrítica. Una izquierda que se atreve asumir los valores éticos y políticos de la Democracia (elecciones libres, imperio de la Ley, división de los poderes, libertad de expresión), y, que no le hace asco a la globalización y privatización de la economía, al mercado y la competencia abierta.
Entre los voceros idóneos de esa izquierda son o han sido el francés Francois Mitterand(+) y el español Felipe González; el venezolano Teodoro Petkoff, ex guerrillero, pero también ex parlamentario, ex ministro, ex candidato presidencial y hoy periodista de fuste; el alcalde de Bogotá Gustavo Petro; los ex presidentes de Chile Ricardo Lagos y Michelle Bachelet; el escritor y antiguo vicepresidente de Nicaragua, Sergio Ramírez; el presidente de El Salvador, Mauricio Funes y otros de similar valía.
Pero hay una izquierda patética, reaccionaria, de espalda a la modernidad, calificada por Teodoro Petkoff de borbónica, porque ni olvida ni aprende.
Ese elenco izquierdista no se ha enterado de que el comunismo fracasó, que ese sistema sólo produce ruina moral, política y económica de las sociedades. De ese modo los paladines de la izquierda trasnochada siguen venerando el despotismo cubano de los hermanos Castro, como ayer veneraron a genocidas como Stalin y Mao y terroristas como el Che Guevara.
En el cubil de la izquierda de anticuario podemos encontrar una ralea variada en sus orígenes y especialidades, algunos incluso brillantes en sus profesiones respectivas, pero todos chapoteando en un simplismo de estolidez y extravío.
Allí están en la misma mesa Hugo Chávez, Noam Chomski, Evo Morales, Sean Penn, Rafael Correa, Michael Moore, Daniel Ortega, Danny Glover, López Obrador, Mario Benedetti (+), Lula Da Silva, Hebe Bonafini, Ignacio Ramonet, Cristina Kirchner, José Saramago, Piedad Córdoba, Fernando Lugo, Zapatero y Moratinos, García Linera, Camila Vallejo, Putín, Kadafi(+), Ahmanidejad y pare usted de contar.